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Un mundo de cabeza – Capitulo 1: Mamá

              Mamá está sentada al borde de su cama, la escucho llorar. Me escondo detrás de la puerta para que no me vea, ella cree que estoy dormido. Cada noche es igual, no sé porque llora pero no me gusta que lo haga, me duele el corazón al escucharla pero me quedo sentado en el piso observándola, no quiero que sepa que estoy ahí y me regañe por no estar en mi cama.

               Mi mamá se llama Silvia, es alta y delgada, su cabello es liso de color negro y muy largo, ella es bellísima y lo que más me gusta es su sonrisa, tiene una hermosa sonrisa pero últimamente esta triste, ya no sonríe como solía hacerlo, desearía verla sonreír como antes. La veo llorar sin parar, quisiera poder abrazarla, mis brazos me pican por querer abrazarla, me quedo sentado en silencio observándola hasta que su llanto hace que mis lágrimas comiencen a salir, no sé porque llora ella pero me hace querer llorar a mí así que me levanto y me acerco para finalmente abrazarla.

–Cariño, ¿Qué haces aquí? –pregunta con sorpresa cuando la abrazo– ¿Por qué lloras? ¿Qué ocurre? –yo no respondo, solo niego con la cabeza mientras lloro sujetándome fuerte de ella. Ella solo me consuela en silencio.

            Minutos pasan para que ambos dejemos de llorar, mi madre me limpia las lágrimas y me pregunta si deseo una galleta, exclamo un <<SI>> emocionado y nos dirigimos a la cocina tomados de la mano. Me encantan las galletas que prepara mi mamá, suelo tomarlas a escondidas del tarro que deja sobre la mesa de la cocina, ella sabe que yo me las llevo pero no me dice nada. Nos sentamos a la mesa y me sirve un plato con galletas y un vaso de leche, mi madre me observa mientras las como apresuradamente

–¡Calma! te vas a ahogar –me dice mientras ríe, desde hace varios días no la escuchaba reír así, su risa es tan bonita

            Mi mamá se levanta para tomar una servilleta y limpiar mis labios, yo sonrío cuando lo hace, sé que me parezco a nuestro perro Dockie cuando le damos su comida favorita.

–Cariño, ¿Quieres más galletas? –pregunta sonriendo a lo que yo respondo asintiendo con la cabeza porque aún tengo la boca llena

            Mi mamá coloca uno de sus brazos sobre la mesa y en él apoya su cabeza, con su mano libre me acaricia el cabello mientras me observa comer, me siento bien en ese momento, no sé qué es lo que tiene pero lo siento especial, seguro siempre será uno de mis recuerdos favoritos.

            Al terminar de comer nos quedamos en silencio y su sonrisa se desvanece de repente, sus labios se entreabren para decir algo

–¿Por qué llorabas cariño? –pregunta mientras aún me acaricia

–No sé –respondo sin darle importancia lo que hace que ella me mire confundida

–Pero, ¿Te sientes mal? ¿Te duele algo? –su rostro ahora parece preocupado y yo me siento confundido

–No… no me duele nada… –comienzo a decir pero luego me detengo al recordar lo sucedido– bueno, si me duele algo

–¿Qué te duele? –insiste luciendo preocupada

–Aquí me duele –respondo señalando mi corazón– no me gusta verte llorar –confieso agachando mi cabeza, mi mamá se queda en silencio –no me gusta verte triste –le explico elevando mi rostro para observarla nuevamente, ella me sonríe pero sus ojos no muestran alegría

–Prometo que ya no estaré triste nunca más –dice abrazándome fuerte y dándome un beso en la frente mientras intenta ocultar una pequeña lágrima que corre por su mejilla– desde ahora siempre sonreiremos –me promete intentando lucir alegre pero sus ojos aun muestran una gran tristeza, yo solo asiento y le abrazo con fuerza– ya es tarde, será mejor que vayamos a dormir –me dice al observar el enorme reloj blanco de la cocina

            Nos dirigimos a mi habitación tomados de la mano, es una noche fría y silenciosa.  Al estar en mi cama mi mamá me da otro beso y acariciando mi cabeza me susurra un <<te amo>> a lo que yo le respondo de igual manera para luego recostarme y cerrar mis ojos mientras ella se dirige a la puerta cerrando esta al salir.

            Nunca entenderé porque los adultos siempre están tristes, ellos suelen quejarse de los niños por llorar tanto pero ningún niño guarda tanta tristeza en su corazón como lo hacen ellos, ¿Por qué no pueden simplemente sonreír a todas esas cosas bonitas y asombrosas que tiene el mundo?

 

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